Un chivilcoyano de buena cepa reparte comida en Mallorca a personas solas

Un letrero sorprende junto a la puerta del restaurante bodegón Tango, abierto en noviembre en la calle Blanquerna. La pizarra en la que anunciaba sus menús dice ahora: 'Si conoces a personas sin recursos, llámanos. Les llevamos la comida gratis'. Su propietario, Gerardo Di Cunto, cocina para ellas desde poco después de tener que cerrar el negocio a causa de la crisis sanitaria. Cada día entrega comida y cena a dos enfermos por coronavirus que están solos y sin ayuda y a otra gente necesitada y los fines de semana colabora con SOS Mamás. Entre el viernes y el sábado elaboró un centenar de platos calientes y el fin de semana anterior, una veintena.

"Los primeros días me ocurrió como a mucha gente. Pensé que, ya que hay que estar confinado, aprovecharé para pintar, colgar cuadros y hacer bricolaje, pero al cuarto día no quedaba pintura y no sabía qué más hacer", relata quien tenía 30 reservas de clientes en el restaurante para el domingo 15 de marzo, tras el anuncio del estado de alarma. "La policía me dijo que tenía que cerrar y, pese a que reunir el último dinero era esencial, porque acabo de abrir, había que hacer lo correcto para contener la pandemia".

La filosofía de vida de Gerardo se basa en que "siempre hay un buen momento para cocinar" y "cada situación negativa se debe convertir en positiva", tal como dice este "inmigrante voluntario" con "muchas adversidades" a sus espaldas. Dicho y hecho. Decidió "continuar cocinando con amor", aunque ahora gratis para la gente más vulnerable, como enfermos sin recursos y personas mayores que viven solas y necesitan que les lleven comida. Para encontrarlas, anunció su idea en la pizarra del restaurante bodegón, la difundió por las redes sociales con la ayuda de su amigo Juan Manuel y llamó a Servicios Sociales.

En el Ayuntamiento le enviaron a SOS Mamás y Mallorca Sense Fam, que a su vez le pusieron en contacto con usuarios suyos que se hallan "en una situación muy precaria". Para la presidenta de la primera organización, Ascensión Maestre, "la implicación, empatía y generosidad de Gerardo hace que te quedes con la sensación de que los usuarios están protegidos, ya que no solo les lleva la comida, sino que les da conversación y se preocupa por ellos". Tras cocinar, se traslada a sus casas en bicicleta y les deja las bolsas en el ascensor, debido a que "están enfermos o son población de riego y hay que evitar el contacto", indica. Aunque después hablan por teléfono o se envían wasaps.

Pollo salteado, espaguetis con albóndigas, arroz..., cada día dos platos diferentes, que los fines de semana se multiplican por 100 para ayudar a la ONG de Maestre. "Somos siete cocinando y ahora solo atendemos urgencias, pero damos de comer a 600 personas", destaca la presidenta. Gerardo alaba su dedicación, "trabajando durante todo el año por los demás y sintiendo la dolencia del otro como propia, saliendo de este modo del individualismo", según sus palabras. El chef argentino también se ha imbuido estos días de solidaridad y ha encontrado "un sentido mucho más amplio, más profundo, a la pandemia del coronavirus, que tantas cosas está cambiando en el mundo".

Espera que, cuando la crisis acabe, "haya servido para que el individualismo deje de estar tan presente en la sociedad"; y desea reabrir su restaurante para seguir ofreciendo a los clientes la cocina tradicional de su país, la que se aprende "bajo la mesa de la casa de la abuela, como dice el reconocido chef Massimo Bottura".



Fuente: www.diariodemallorca.es

Comentarios

Comentar artículo